Poema por José Antonio Ocampo
Jorge Ivan Cortés un estudiante de la clase de Español que oriento, me trajo una monografía con este hermoso poema de su abuelo:
LA POBREZA
Abrumado confuso y pensativo,
nimbado de gran melancolía,
recorriendo las líneas del mercado,
un pobre campesino así decía,
señor, señor me llena de tristeza,
al ver tamales, morcilla y pan de queso,
al saber que mi bolsillo esta vació,
sin cincuenta sin diez y sin un peso,
si logara conseguir un par de dulces,
a mi casa volvería muy contento,
para decirle a mis hijos y a mi esposa,
que después les ajusto el vestimento,
pero tan pobre así como me encuentro,
sentir que la dicha y el arrebato,
y no puedo llevarle a mis hijitos,
lo que le pide la panza cada rato,
tal como plátano, yuca, arracacha, frijoles,
y maíz pero buen grano,
buenos aliños panela y chocolate,
buenas carnes de res y de marrano,
no permitas gran Dios que tan lejos,
se llegue a prolongar mi desventura,
ablandadle el corazón al carnicero,
que me de un plazo de una asadura,
es una carne sabrosa y es muy buena,
después de prepararla es muy sencilla,
que placer para mi ver a mis hijos,
alimentando corazón y pajarilla,
y tan débil hoy como me encuentro,
a consecuencias de tantas aguantadas,
a la noche podría calmar este deseo,
atravesando caldo acucharadas,
y ahora por lo menos me comiera,
una taza de maíz en manga racho,
y cogiera un novillo de la cola,
y terminara quizá cogiendo cacho,
fijando el pobre la mirada al suelo,
una esterlina vio medio brillar,
al instante agacho a recogerla,
para su pena pronto remediar,
nuestro tipo giro a una asistencia,
sin lograr asentar casi los pies,
y mando a servir un chocolate,
que no le valiera cinco si no diez,
para pagar aquellos diez centavos,
se mostró muy caballero y muy honrando,
y como allí les falto 490,
aquí tenéis lector mío el primer fiao,
compro huevos, quesito y mantequilla,
vestimentas al par,
y a rienda suelta, no hubo menuda,
sin menudo encontrar no hubo devuelta,
ingiere comprar una cobija,
teniendo con la lira su gran modo,
y como estaba escasa la menuda,
sin menuda, encontrar le fiaron todo,
el frunció su costal, marcho tranquilo, placentero,
feliz y muy contento, les habla señores, hecho un mito,
pero hice probar la sal del cuento,
cuando vaya sin un peso a los mercados
elevar al señor vuestra oración,
el escucha las suplicas humildes,
y favorece el humano corazón.
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